Más allá del lacrimógeno

Ya pasó una semana del penoso incidente en el que decenas de alcaldes fueron rociados con gas lacrimógeno, a las afueras de Palacio Nacional. Lugar al que llegaron tras meses de lucha y decenas de solicitudes de audiencia con el presidente López Obrador, quien simplemente se ha negado a escucharlos. La demanda es simple, recursos justos y suficientes para los municipios.

El tema es que la administración federal parece no entender la importancia de esta solicitud, pues la lógica del régimen es fortalecer al poder central, aunque tenga que violentar el Pacto Federal.

No entienden que el Municipio es la unidad básica de gobierno y un elemento fundamental para que haya gobernabilidad. Es parte fundamental del Pacto Federal, pues tiene el contacto primigenio con los ciudadanos. Por lo anterior es que se deben fortalecer sus fuentes de financiamiento, ya sean propias o por medio de las participaciones, con el fin de proveer los servicios básicos para nuestro desarrollo y tener seguridad en nuestras calles.

El desdén de López Obrador va más allá de lanzar lacrimógenos, de abrir mesas de negociación que se rompen, de modo unilateral, y de su negativa a escuchar a sus opositores; su desdén, y el de su gobierno, es una negativa absoluta a entender que el Municipio es el lugar donde nace la democracia y donde se vive en primera instancia las carencias. Es por eso que se requiere una reforma profunda, pues a pesar de ser la estructura primigenia de gobierno, ha quedado subordinado al constante anhelo centralista de nuestros gobernantes.

Esta negativa de López Obrador profundiza la crisis de deficiencias y limitaciones que viven los municipios del país, mismas que impiden su funcionamiento óptimo. Esto complica que el Municipio salga del desfase enorme en que vive con relación a los demás órdenes de gobierno e impide su incorporación a nuestra era.

Entender la libertad municipal como una herramienta que permite que los habitantes de las diversas demarcaciones tengan la capacidad de decidir sobre el quehacer público y ser parte de la toma de decisiones al nivel más básico, que es el que más influye en su vida cotidiana y en su convivencia con la comunidad, es fundamental. Pero para que esto se dé y podamos aspirar a las estructuras de autogobierno que tienen muchos países con una democracia más avanzada y sólida que la nuestra, como los países nórdicos, la justa asignación de recursos se vuelve fundamental.

Parece que no entienden que México es una república federal, representativa, democrática y con división de poderes y menos entienden que el Municipio no nace de un proceso de descentralización administrativa, sino que es un ente autónomo. En fin, simplemente y llanamente no entienden lo que es la república y menos su carácter federal y en ese no entender nada, la están acabando.

En fin, no entienden que en un ámbito de real transformación es necesario fortalecer la autonomía municipal y descentralizar el poder. No entienden que: sin municipios, no hay Nación.

David Agustín Belgodère

Twitter: @BogusBelgodere

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